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 Casa Desolada.

Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

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 En busca del tiempo perdido. A la sombra de las muchachas en flor.

Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

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 The Show.

Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

Santander - I PDF Imprimir E-mail
Escrito por kim   
Miércoles, 14 de Marzo de 2007 15:35

Mar y montaña urbanos; verde, mucho verde, de monte y de mar encabronado; gris de día de tormenta, de esos días en que pasear por la bahía de la que habla Jorge Sepúlveda en su canción se convierte en una lucha constante contra el viento para poder robarle un segundo más de vistas al panorama; blanco de nieve en la cima de los Picos de Europa que cierran de frente el susodicho panorama y que nos sirven de frontera al mundo. Y azul, no creáis, que el día que amanece despejado y con sol una no quisiera vivir en otro lugar del planeta.

Esto pretende ser una guía para los que se acerquen a disfrutar de esta ciudad. Eso si, una guía muy personal que seguramente apenas coincidirá con lo que puede aparecer en las guías oficiales.

En principio, y para situarnos, Santander es una ciudad que se conforma de forma paralela al mar, protagonista de su vida y sus paisajes. Tanto es así que buena parte de lo que ahora es el centro de la ciudad es terreno ganado al Cantábrico.

Una forma sencilla de darse un buen paseo por la ciudad y recorrer su mayor parte, o al menos la más interesante, es acompañar al mar y no perderlo de vista. Así, si entramos por la carretera que llega desde el aeropuerto enseguida nos encontraremos con el Barrio Pesquero, zona cuyo nombre no llama a engaño. Barriada de pescadores desde los años 40 es uno de esos típicos sitios que todos los turistas buscan. Permitidme un consejo: no os dejéis engañar. Si os adentráis en el barrio, enseguida os recibirá el olor a sardinas asadas y os encontraréis una colección de restaurantes con paellas cocinándose en la calle y comedores llenos de gente que, si os fijáis un poco, son tan foráneos como vosotros mismos. Huid. Pero no por donde habéis venido. Aprovechad que estáis allí y seguid hasta el final de la calle y mientras le echáis un vistazo al poblado marinero y escucháis la cantinela pejina de las gentes del mar, volved la esquina y os encontraréis con un sitio pequeño y rancio que apenas se libraría de una inspección visual Sanidad, pero si os gusta el marisco, parad. Una mesa en la terraza, ésta sí remodelada recientemente, una parrillada de marisco, una botella (o las que hagan falta) de alvariño y la simpatía de Kankel y Tere os hará olvidar que no hay vistas espectaculares de las que disfrutar. Pero quién las necesita teniendo una mariscada mirándote directamente a los ojos. Si, además, pedís unas albóndigas de bonito para picar mientras llega la parrillada se os olvidará para siempre que en cuestión de higiene de un local pasa como con la mujer del César. Y todo ello a un precio de risa. El local se llama La Chulilla.

Llegados a este punto os comunico que las direcciones y los teléfonos de los locales recomendados vendrán en el último capítulo.

Salimos del Barrio Pesquero y siguiendo la calle Marqués de la Hermida nos reencontramos con el mar tras el edificio de la Aduana. Continuando en su compañía pasaremos por delante del monumento al Machichaco, barco que explotó en plena bahía santanderina el 3 de noviembre de 1893 causando más de 500 muertos; a nuestra izquierda quedarán el Hotel Bahía, el Paseo Pereda y los jardines del mismo nombre mientras paseamos por el muelle de Calderón.

A la vuelta del paseo os enseñaré esa parte, en la que la sede internacional del Banco de Santander nos abre paso a la zona de copas y desenfrene. Pero eso quedará para una segunda entrega.

Mientras, disfrutad de las vistas desde el muelle de Calderón. No perdáis de vista la Grúa de Piedra, el Palacete del Embarcadero y el Club Marítimo.

             


 

Y cuidado con tropezar con los raqueros.

           


Este grupo escultórico relativamente nuevo es un homenaje a los niños santanderinos que se tiraban al mar a recoger las monedas que los turistas ingleses tiraban por la borda de aquellos viejos barcos precursores del Ferry.

Seguimos nuestro recorrido y, dejando atrás el Club Marítimo, nos adentramos en Puerto Chico. Una vez más, dejaremos para más tarde el paseo que se encuentra a nuestra  izquierda, el Paseo de Castelar, aunque nos da tiempo a echar un vistazo a los magníficos edificios que lo conforman, presididos por el del Banco Vitalicio.

Puerto Chico acaba en un moderno conjunto de edificios: el Centro de Vela de Alto Rendimiento, el Planetario, la Escuela de Marina Mercante y el Palacio de Festivales. Nada que decir de los tres primeros, pero soy incapaz de pasar por alto el último. Construido por Sáenz de Oiza, es un descomunal bloque de mármol y hierro oxidado que dos décadas después de su construcción aún sigue siendo objeto de polémica por lo que supone de ruptura con el paisaje. Eso si, irreprochable en su interior.

 Antes de bordear el mastodonte, sigamos un poquito más la línea de la costa por el Dique de Gamazo, antigua sede de los astilleros santanderinos. Posiblemente será la primera vez que nos demos cuenta de lo desigual del terreno en la ciudad y de las cuestas que nos esperan. Mientras a nuestra derecha se nos muestra el Museo Marítimo y de frente asoma la primera de las playas de la ciudad, a nuestra izquierda y sobre el Club de Tiro, tendremos que mirar hacia arriba para ver por donde vamos a seguir nuestro paseo. Pero os juro que merece la pena.

Volviendo sobre nuestros pasos y subiendo la Cuesta del Gas nos encontraremos en San Martín, donde encontraremos, un poquito escondido eso si, El Soto, donde nos podemos hinchar a cerveza rodeados de rockers, surferos, surfistas y rockeros en paz y armonía la mayoría de las veces. Que no os despisten las tablas de surf en la puerta, es que las motos no caben.

Pasando la parte frontal del Palacio de Festivales, comienza la ‘zona noble’ de la ciudad, el Paseo de la Reina Victoria. Siguiendo el paseo iremos viendo las playas a nuestros pies, más o menos literalmente por que están unos cuantos metros más abajo en realidad, y chalets fantásticos al otro lado de la carretera. Entre otros el llamado Promontorio, casa familiar de los Botín, y enfrente de ésta la casa de Paloma O’Shea. Y entre todos ellos destaca el Hotel Real, antiguo y espectacular edificio, rancio donde los haya.

 

Nos vamos a despistar por un momento de la ruta para mencionar uno de los restaurantes de moda de Santander, el De Luz, que está en las inmediaciones del Real. Sus bazas: es un bonito chalet con jardines propios, buena conservación (era un antiguo consulado y han mantenido la estructura interior con las remodelaciones imprescindibles) y muy buena cocina. Eso si, no es barato precisamente.

Volviendo al paseo principal, llegaremos hasta la entrada a la Península de la Magdalena. Antes de visitarla, cosa obligatoria para cualquier turista que se precie y hasta para los que no, nos desviaremos un poquito para conocer el Balneario de la Magdalena, restaurante a pie (esta vez si) de playa ideal para comer o cenar, tomarse un café o unas copas dependiendo de la hora que cualquiera es buena para visitarlo. Aquí la cocina la ponen los chicos y chicas de la escuela de hostelería y sería pecado perderse el pescado del día y cuentan que el arroz con marisco, o sea, lo que aquí se llama paella de marisco.

Y a las puertas de la Península de la Magdalena os dejo por ahora. En el siguiente capítulo conoceréis El Sardinero. Si os place, claro está.


Los turistas accidentales del foro nos reunimos aquí: "Viaje con nosotros": Turismo areopagita

 

Última actualización el Martes, 19 de Agosto de 2008 19:31