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 Casa Desolada.

Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

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 En busca del tiempo perdido. A la sombra de las muchachas en flor.

Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

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 The Show.

Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

El mono PDF Imprimir E-mail
Escrito por Josep Lluís Claramonte   
Domingo, 18 de Marzo de 2007 19:18
Cuando me dijeron el sueldo me pareció poco.
-700€ están muy bien, chaval! Además, el trabajo gratifica.
-Ya. Y una polla.
La verdad es que mi jefe tenía razón. Es bastante divertido.
Le coges las manos con la izquierda, le muerdes el rabo y le miras a los ojos mientras blandes el bisturí con la derecha.
Un simple corte les despoja de sus atributos sexuales. Lo mismo da macho que hembra. Soy un maestro.
En el laboratorio de amaestramiento animal no les gusta que los especimenes desarrollen conductas sexuales, así que, simplemente, les despojan de genitales.

Aquel día me levanté raro. La resaca se había convertido en una especie de paranoia en la que las ganas de amputar genitales crecía cada vez más.
Eran las 10. Llegaba tarde. Debería mutilar a una velocidad mayor de la habitual.
Al coger el bisturí para colocarlo en la funda del cinturón me pareció más pequeño de lo habitual, así que lo dejé donde estaba y cogí la katana que me habían regalado por mi santo.
La coloqué en la funda espaldera a medida que me hice fabricar.

Aparqué mi Panda en la plaza de minusválidos me arrastré fuera por la ventanilla y dejé el motor en marcha.
Entré y el gorila de la puerta me miraba mal, como de costumbre. Decidí que ya estaba bien. Le cogí de la mano, le mordí el tobillo y le rebané la entrepierna.
Como no estaba muy espabilado, me llevé por delante las dos piernas.
Al entrar en el laboratorio los ingenieros conductuales me miraron con cara de asombro. Yo sabía porque era. No me había puesto la mascarilla ni las botas de agua. Un error de principiante pero que cometía demasiado a menudo.

Pude arrinconarlos a todos para ir adelantando. Como no se estaban quietos tuve que cortarles los pies, aunque tengo que reconocer que no fui muy preciso y alguna mano voló.

Después de desangrarse estaban mucho más manejables, así que pude castrarlos mucho más fácilmente que de costumbre.
Una vez estuve más tranquilo fui a hacer mi trabajo, castrar monos.
Última actualización el Domingo, 18 de Marzo de 2007 19:23