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Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

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 En busca del tiempo perdido. A la sombra de las muchachas en flor.

Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

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Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

Jericho PDF Imprimir E-mail
Escrito por Laura   
Martes, 20 de Marzo de 2007 03:31

Por lo que llevo visto, que no es mucho porque la veo siempre algo fumada, así que es posible que me invente buena parte del argumento (para mejor, por supuesto), todos los capítulos tienen la misma estructura: en cada episodio la gente de Jericho (bueno, más bien cuatro o cinco personas de Jericho, dado que el resto del pueblo está ahí sólo para hacer bulto en las barbacoas), debe enfrentarse a un problema súper urgente y grave. De momento ya les ha tocado lidiar con: la lluvia ácida, la falta de agua, los cortes en el suministro eléctrico, la escasez de medicinas, los ataques de unos peligrosísimos free-riders, una plaga de gusanos en la cosecha de maíz (sin conexión aparente lo de los gusanos con el ataque nuclear ¿??)... Y al hilo de cada nuevo reto, van saliendo a la luz los problemillas íntimos de los personajes, al más puro estilo culebrón. O sea: Jericho lo tiene todo. Hasta un protagonista que está bastante bueno, lo que, oye, siempre ayuda a fidelizar (tranquilOs: la protagonista también está bastante buena).

Hasta ahora ha habido dos episodios que me han parecido especialmente memorables. El de la lluvia ácida y el del puente.

A mí esto de la lluvia ácida es una cosa que en las películas de género postapocalíptico-nuclear siempre me ha dado mucha mieditis, que lo suelen pintar como algo malísimo, pero a raíz de esta didáctica serie he aprendido que al parecer, para escapar de sus efectos lo único que hace falta es esperar metido en casa a que amaine el temporal. Y eso poniéndose uno en plan maricomplejines, que al personaje granjero le pilló el chaparrón en descampado y a día de hoy ni se ha quedado calvo, ni se le ha llenado la cara de ampollas, ni nada de nada, que sigue tan sano como una pera. Además, y por si alguien tenía dudas al respecto, os informo de que la lluvia ácida dura sólo un par de días escasos y luego se puede uno pasear tranquilamente y organizar con los vecinos una barbacoa en la puerta del ayuntamiento (insisto en este tema porque es que son muy dados a las barbacoas en ese pueblo). En conclusión: la lluvia ácida no se diferencia absolutamente en nada de la lluvia normal y corriente de toda la vida, y así queda patentemente demostrado en el episodio en el que todo el pueblo se une a lo Fuenteovejuna en un bonito gesto de solidaridad rural para luchar contra la plaga de gusanos que amenaza con acabar con la cosecha de maíz del personaje granjero. Y es que hasta donde yo tenía entendido, por lo que se ve erróneamente, si por algo se caracteriza la lluvia ácida es por contaminar la tierra y el agua, siendo extremadamente peligroso consumir productos de la huerta que hayan sido “regados” con ella. Pero en Jericho no. En Jericho se comen hasta a un gitano cagando y los tíos se quedan tan panchos.

Y en cuanto al episodio del puente, el intríngulis está en tratar de proteger al pueblo de unos malvados que pretenden expoliar a la pobre gente de Jericho. Para ello es importantísimo destruir un puente, en orden a impedir que los malvados lo utilicen para llegar al pueblo, porque resulta que la única forma de acceder a Jericho es atravesar dicho puente. Peeeero, destruir el puente, por lo que se ve, traería la inoportuna consecuencia de que Jericho quedaría TOTALMENTE incomunicado con el exterior, y una hipotética ayuda futura no podría llegar al pueblo. Y así se pasan todo el capítulo, intentando resolver este complejísimo dilema, es decir, si salen de Guatemala (librarse de los malvados volando el puente) o se meten en Guatepeor (luchar contra los malvados y conservar la única vía de comunicación que cual cordón umbilical les une con el exterior). Lo pasmoso es que hasta donde alcanzan mis escasos conocimientos geográficos, Kansas está en el puñetero medio de los EE.UU., bastante a tomar por el colon del mar, y tampoco parece que Jericho sea una isla situada en un río o lago, sino una cosa así tipo Peñafiel, es decir, una pequeña porción de tierra rodeada… de más tierra por todas partes.

Pero no nos desviemos. En realidad, Jericho no es una serie sobre un drama nuclear. De hecho, pasado el primer momento de “ay Señor, vaya desgracia nos ha caído”, ahí no hay drama alguno. Jericho es un western, en el que la excusa para retroceder al tiempo de los bandoleros, asaltadores de caminos y ladrones de caballos, es el lío éste de las bombas, que pasa a un muy segundo plano en el momento en el que queda claro que en Jericho están aislados (excepto por supuesto por la existencia del famoso ¿puente? que finalmente consiguen no dinamitar), sin tele, ni internet, ni electricidad, ni agua corriente, ni otras autoridades públicas conocidas aparte del sheriff y el alcalde. Una vez centrada la situación, la trama se desplaza hacia los avatares que sufren los personajes en su vivir cada día, todos ellos arquetipos clásicos de las pelis del Oeste.

Veamos el retrato de los personajes clave:

ss1. Jake Green, “el hijo pródigo”. En casi todo western que se precie existe esta figura: el tío del pueblo que tras una larga ausencia (generalmente en México), regresa a su tierra natal y se reencuentra con su pasado (familia, ex novia que ha tenido que olvidar a tantos hombres como mujeres recuerda él, antiguos enemigos, amigos del alma…). En este caso el hijo pródigo resulta ser además “el hijo del alcalde”. Jake es un tipo de pasado oscuro que se fue a por tabaco hace cinco años (en oscuras circunstancias) y justo-justo se le ocurre volver (por oscuros motivos) para saludar a la familia y esas cosas, el mismito día del macro-ataque nuclear, que ya hay que tener tino (o bien oscuras y privilegiadas informaciones sobre lo de las bombas). Aparentemente, su intención era decir "hola, que estoy bien" y pirarse. Pero claro, tras la debacle se queda un tanto limitado de destinos y decide prolongar un poco más la estancia en su hometown. ¿Qué ha hecho durante esos cinco años? Nadie lo sabe. Se lo preguntan mucho, eso sí (al menos un par de veces por capítulo), pero él, en vez de contestar, opta siempre por poner un carigesto a lo Sean Penn, y salir por peteneras.

Sea lo que sea que haya hecho durante esos cinco años, es indudable que no se ha dedicado a perder el tiempo escribiendo chorradas en un foro de internet a razón de diez horas al día. El chaval se fue siendo el paleto más popular (pero del clan de los malotes) del insti, y ha vuelto hecho un hombre y haciendo gala de extensos conocimientos médicos, armamentísticos, de estrategia militar, ingenieriles, mineros, de mecánica de fluidos, boxeo, psicología, política anti-terrorista… vamos, que lo mismo te vale para operar una apendicitis, que para reducir a una banda de pérfidos mercenarios o convertir en refugio una mina de carbón abandonada. Yo estoy por apostar que esos cinco años los pasó en el M.I.T, cursando una licenciatura específica en G.L.C.P. (Gestión Local de Conflictos Postnucleares), porque si no, no se explica, que ni una navaja suiza trae tantas prestaciones.



b2. Emily Sullivan, “la maestra del pueblo”. Además de ser la maestra del pueblo, Emily es la ex novia de Jake y la hija del súper villano de Jericho. Cuando Jake dejó el pueblo por oscuros motivos (pero relacionados con Emily y su problemático padre), ella se quedó ahí plantada, y en lugar de largarse a Nueva York a hacerse top model (que es lo que cualquiera con su físico hubiera hecho), decidió que toda su vida estaba en Jericho, y que casi mejor se hacía maestra, que más vale malo conocido. Eso de que toda su vida estaba en Jericho no se comprende demasiado bien, porque Jake se largó, Emily no se habla con su padre dado que es malísimo, tenía un hermano pero que se sepa está muerto, y en definitiva, está más sola que la una. Así se lo hace ver su prometido, un importante ejecutivo al que no sabemos dónde ha podido conocer Emily dada su renuencia a salir de Jericho (que no sabemos que sea el típico destino de turismo rural para yupies estresados), quien la intenta convencer de que se vayan a vivir a Chicago tras la boda, porque el caso es que él en Jericho tiene el mercado laboral un tanto limitado (no parece tampoco que Jericho sea precisamente el centro neurálgico de la vida económica de Kansas). Ella se pone hecha un obelisco y le espeta que desde el principio de la relación le ha dejado claro que del pueblo no la mueven ni con tractor, y que éstas son habas contadas.

El caso es que lo de Emily parece la historia clásica de las rancheras de Juan Gabriel: aunque ha seguido su vida sin Jake, aún está en el lugar de siempre, en la misma ciudad y con la misma gente, y todo para ahorrarle a Jake el síndrome del exiliado en el caso de que un día le dé por volver, o sea, para que a Jake estar en el pueblo tras tanto tiempo fuera no se le haga raro. Y efectivamente, Jake reaparece, sigue enamorado de ella, y en el preciso momento en el que por fin van a darse un magreíllo, el prometido, a quien todo el mundo daba por muerto, vuelve también a Jericho (que es que se había ido de allí en viaje de negocios el día antes de las bombas). No sabemos qué pasará, pero yo al prometido le auguro un breve paso por la serie, porque vale que lo de Jake largándose así y dejándola tirada estuvo muy feo, pero es que está muy bueno, y además, ¿Quién va a ponerse en plan rencorosillo por un quítame allá esos cinco años sin dar señales de vida cuando todo el universo conocido “is falling apart”??



a3. Stanley Richmond, “el personaje granjero”. Stanley era el amigo íntimo de Jake desde la infancia. Y ahora que Jake ha vuelto… sigue siendo su amigo íntimo porque Stanley es así, un tipo que tiene cuatro ideas, pero muy claras, y si los hechos las contradicen, de lo que duda es de los hechos. En este caso los hechos indicaban claramente que Jake es un poco hijoputilla, porque largarse así sin más y estar cinco años “missing”, no demuestra precisamente la gran calidad humana de Jake, que a poco no mata a su madre del disgusto pensando que le había pasado algo malo. Pero Stanley, erre que erre, lo ha defendido siempre a muerte convencido de que alguna explicación tenía que haber para semejante comportamiento. Stanley es el típico hombre sencillo de la tierra al que le basta muy poco para ser feliz: una buena cosecha, la certeza de que su familia está protegida, y fumar una pipa de picadura al atardecer en el porche de su modesta granja es todo lo que necesita. Tan es así la cosa, que mantiene su esquema vital incluso después de la hecatombe nuclear, que sigue el tío empeñado en sacar adelante los cultivos, siendo bastante incierto que pueda venderle a alguien el producto de los mismos, incluso siendo bastante incierto que tales productos sean consumibles, por el tema que ya hemos comentado de la lluvia ácida, que parece traérsela a todos (no sólo a este hombre) bastante al pairo.



y4. Rob Hawkins, “el extranjero misterioso”. Estamos ante otro clásico del género: el del tipo que, llena el alma de esperanza, agarra a la mujer y a los hijos, los mete en un carro y, sacándolos de su lugar de origen, se los lleva a “El Oeste”, arcadia mítica y maravillosa en la que lograrán por fin establecerse y vivir en paz y armonía. Éste es el caso de Rob Hawkins, quien procedente de Washington D.C., se instaló con su familia en Jericho inmediatamente antes del desastre. Como es de fuera (y para más INRI negro), los rednecks del pueblo desconfían mazo de él… y no están desprovistos de cierta razón, como se verá, porque lo del negro es todo muy raro. En este caso está claro que el negro sí sabía que tal desastre iba a producirse y es más, que Jericho era un lugar seguro en el que resguardar a su prole. Lo curioso es que llevaba la friolera de cuatro años divorciado, y al parecer sin tener contacto alguno con su esposa e hijos, a pesar de lo cual, el tío se presenta sorpresivamente, y con un par le dice a la mujer “churri, ves empacando y coge a los niños que nos vamos ahora mismo a vivir a un pueblo de mierda en el medio de la nada”. Y la mujer, que no le traga, en lugar de contestarle, como sería lo lógico, con un “vete, olvida ni nombre, mi cara, mi casa y pega la vuelta”, inexplicablemente acepta sin pestañear, ¡Y SIN PEDIR EXPLICACIONES!, metiéndose en semejante patín y abandonándolo todo, incluido su novio ¡Y EL GIMNASIO!!!

El negro está dotado del kit estándar para espías: habitación ultrasecreta en el sótano de la vivienda + portátil a prueba de pulsos electromagnéticos + surtido de antenas parabólicas + pack de identificaciones falsas + fajo tocho de cash. El caso es que con este equipillo parece que mal que bien, “en vez en cuando” consigue enchufarse a internet (o sea, no a internet exactamente, ya que no se le ve nunca viendo porno, sino a una especie de intranet de lo que parece ser una organización gubernamental de defensa ¿o terrorista? misteriosísima) ¿Y qué es lo primero que hace cuando por fin logra conexión? ¿Mirar a ver si hay alguien más ahí fuera? ¿Buscar ayuda? ¿Pedir línea directa con el presidente en funciones? No. Lo primero que hace es cotillearle cual portera al hijo pródigo su “perfil del messenger”, dado que le ha salido de ojo (que para eso es espía ¿o terrorista?) que lo de Jake no es normal. Así que el negro es el único que sabe a ciencia cierta de dónde proceden los ingentes y multidisciplinares conocimientos de ese fenómeno. Entre ambos se genera la típica complicidad (o sinergia, que es más moderno) del “yo sé que tu sabes que yo sé que los dos somos mucho más de lo que aparentamos, pero no vamos a comentarlo en plan normal tomando unas cañas tranquilamente en el bar, porque nosotros somos así: impenetrables”. Y ahí andan, más liados que el fontanero del Titanic, sacándole las castañas del fuego a todo quisqui, y haciendo ver lo duros y competentes que son por el consabido método de mantener permanentemente el ceño fruncido.

q5. Mary Bailey, la “dueña del Saloon”. No hay que explicar que en todo western existe un personaje femenino, independiente y de dudosa reputación moral, que regenta el lugar de esparcimiento (medio casino, medio lupanar, medio bar de copas). Generalmente se trata de mujeres fuertes y de costumbres libres (eufemismo de “un poco guarrillas”), capaces de defenderse solas, o bien, con la pasta suficiente para pagar a un matón que las defienda si llegado el caso las cosas se tuercen demasiado. Aquí la licenciosidad de la tabernera deriva del hecho de que mantiene una aventura de tipo adúltero con Eric, el hijo mayor del alcalde y hermano de Jake. Lástima que hayan optado por la versión moñas del personaje, ya que Mary no es ni fuerte, ni independiente, sino tan sólo una chica un poco boba, apesadumbrada por el cargo de conciencia que le genera el hecho de ser una rompematrimonios, que todos los días se levanta pensando que hoy sí, por fin, Eric dejará a su mujer.

e6. Mimi Clark, “la finolis del Este”. Típica chica de familia más o menos pudiente y refinada educación, que por diversas circunstancias acaba atrapada en un pueblo del midwest lleno de rudos hombres de campo. Debe intentar comprender las costumbres locales, adaptarse al medio, y luchar contra los elementos desde la atalaya de su inconveniente y poco práctico vestuario “urban fashion”, todo ello ante el descojono generalizado de los lugareños, que se parten el eje viéndola intentar andar entre los surcos de maíz con sus mules de Gucci.

En concreto, Mimi es una inspectora hacienda a la que el bombardeo le pilla en Jericho, embargando la finca del personaje granjero, quien por lo visto tiene un concepto de la hacienda pública semejante al de Lola Flores. Como es lógico, tras el ataque nuclear sus obligaciones recaudatorias dejan de tener demasiado sentido, así que en plan Terminator escanea el panorama para elegir la opción más idónea de cara a su supervivencia en tan hostil entorno, que no es otra que la de encamarse con el personaje granjero, que oye, es un poco paleto, sí, pero al menos no está mal y siempre te puede ordeñar una vaca o sacarte unos nabos de la huerta para garantizar que vas a tener algo más que latillas caducadas para llevarte a la boca. Mimi será de ciudad, sí, pero desde luego de tonta no tiene un pelo.



d7. Gracie Leigh, “la dueña del colmado”. Como no podía ser menos, en Jericho hay un almacén de ultramarinos donde los indígenas pueden abastecerse de todo tipo de productos útiles, ya sea fertilizantes para el campo, ya sacos de semillas, ya retales para la confección de vestidos para el baile (bueno..., barbacoa en este caso). Hasta el estallido del conflicto Gracie era una tendera normal. Sin embargo, el estado de necesidad en el que el ataque nuclear sume a Jericho, la convierte en una usurera malosa y desagradable que se aprovecha de su posición privilegiada para ponerle a las coca-colas un precio súper abusivo. Hasta el punto de que una pobre chica del pueblo tiene que empeñar un precioso joyero de madera de su abuela (de indudable valor sentimental, como comprenderá cualquiera que tenga abuela) para comprarse unas gaseosas (esto no es coña, pasa tal cual).



8. April Green, “la doctora Queen”. Con este personaje se les ha ido un poco la mano. Todo el mundo sabe que en las pelis del oeste el médico es un individuo alcoholizado, al que en cualqquier momento se le puede arrancar de la barra del saloon (los médicos del oeste no tienen casa, están siempre en el bar, esperando alguna urgencia) para atender un complicado parto u operar alguna herida de bala (o flecha), con la única condición de que alguien le ponga cerca una botella de bourbon y le prepare litros de café cargadísimo. Aquí no. April es la esposa de Eric, el hijo mayor del alcalde y hermano de Jake que está liado con la tabernera. April es una buena esposa, una buena nuera, una buena cuñada, una buena vecina, y todo lo bueno que puede ser alguien bueno en cualquier campo de la vida. En definitiva, que no ha hecho nada para merecer esa cornamenta que intenta llevar con dignidad, excepto quizá ser un poco cargante con tanta insulsez. El caso es que el mayor mérito con el que carga April en la serie es el de haberse quedado embarazada del marido justo en el peor momento: en medio de un conflicto nuclear, y precisamente cuando el marido iba a decidirse por fin a dejarla por la camarera licenciosa. El personaje en sí es estúpido. Que una quinceañera descerebrada eche un polvo en el prom y se quede embarazada del quarterback… nos lo hubiéramos creído. ¿Pero una universitaria del sector sanitario teniendo ese descuido en plena crisis de Cuba y lo que es peor, en pleno proceso de separación? Amosanda. A pesar de todo, yo sigo con la esperanza que el personaje remonte y se acabe pareciendo en algo al Doc Boone de La diligencia. Siempre es posible que algún guionista en paro de A dos metros bajo tierra aterrice en Jericho, en cuyo caso April se daría a la bebida debido al abandono de Eric, y tendría un hijo con síndrome de alcohol fetal… o peor.

r9. Johnston Green, “el alcalde”. Johnston está a punto de retirarse después de dedicar 20 años de su vida al gobierno de Jericho, con la conciencia tranquila del que sabe que tiene el deber cumplido, cuando (y por este orden): vuelve la oveja negra de la familia, estalla una guerra nuclear y se entera de que Eric, la oveja blanca, está a punto de abandonar a su embarazada esposa por una pelandusca. Simultáneamente, otro fulánez del pueblo que siempre ha sido su rival político (con más moral que el alcoyano, porque enfrentarse a Johnston en Jericho viene a ser como enfrentarse a Chaves en las autonómicas andaluzas), decide que hay que convocar elecciones, y él, que debido a la papeleta familiar que tiene anda un poco descentrado, va y pierde. También con respecto a Johnston esperamos que se dé en breve a la bebida.



e10. Jonah Prowse, “el súper villano”. Jonah es el malo del pueblo. ¿Por qué? No nos lo dicen. Es malo, todo el mundo lo sabe (incluida su hija Emily que hasta se apellida distinto) y punto en boca. Es tan malo tan malo que siempre que en Jericho tienen algún problema se ven obligados a recurrir a él. ¿Qué vienen unos forajidos a robarnos la comida? Pues vamos a ver qué se le ocurre a Jonah. ¿Que nos vamos a quedar sin suministro eléctrico? Pues… mira que no nos gusta hablar con Jonah, que ya sabéis como es, pero vamos a pedirle el generador. En realidad se diría que si Jonah es malo en el sentir popular es porque en el pueblo son unos desagradecidos de estos que les haces un favor y te lo echan en cara toda la vida, porque el hombre, aparte de vivir a las afueras e ir un poco a su bola, de momento no parece que se dedique al mundo de la fechoría. Muy al contrario, su única “ambición” vital es algo tan humano como conseguir el perdón de su hija Emily, quien al parecer opina que la muerte de su hermano fue culpa de Jonah. Hasta tal punto que cuando le van a dar la monserga con el tema de los forajidos, él dice que bueno, vale, que les zurra la badana siempre y cuando le dejen hablar con Emily. El tío podría haber pedido, qué sé yo, siete doncellas en edad de procrear, avituallamiento para él y su banda de por vida, una cohorte de limpiadoras que le dejaran el campamento como la patena todos los días… pero no. Él sólo quiere hablar un rato con Emily. ¿Se puede ser más pérfido?

 

Última actualización el Domingo, 27 de Enero de 2008 11:59