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 Casa Desolada.

Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

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 En busca del tiempo perdido. A la sombra de las muchachas en flor.

Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

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 The Show.

Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

El Paseo de los Tristes PDF Imprimir E-mail
Escrito por ferdinand   
Martes, 20 de Marzo de 2007 23:53
Es claro. Somos nosotros quienes dotamos de significado esos cartelitos de chapa, placas de mármol y pinturas alfabetizadas donde se da entidad a una serie de lugares en los que, en ocasiones, nos suceden cosas.
 
El Paseo de los Tristes no tiene nada de particular. Es una calle ancha, con dos carriles de idéntico sentido para el tráfico rodado, unos hermosos tambuchos amigos de fastidiar suspensiones desprevenidas, aceras altas y un trazado casi recto que viene a acabar en el mar, viniendo desde el noreste. Tiendas y bares surgen a ambos lados de la triste travesía, un río seco, una comisaría de policía; y bares, como digo, pero no de los de estar en la calle, reparar en el nombrecito de marras y dar la consiguiente tabarra a nuestros compañeros de mesa. Bares de los de beber (y sigo escribiendo absolutamente en serio). Una calle vulgar en tal grado que no hay putas deambulando por sus aceras al anochecer. Una calle estúpida donde jamás habrá más de siete u ocho personas en quinientos metros de longitud. Una calle moderna, donde sólo resisten los locales dedicados a la inmobiliaria y los negocios seguros o de renombre en la localidad.  Sin embargo, como digo, rara vez he visto gente (lo que se viene entendiendo por gente) trasegando por ella y colaborando al sostén del municipio. Unos pechos demasiado sensibles son la imagen del Paseo de los Tristes, casi como los de un maniquí de espuma. Una calle de mentira. Un camelo de la planificación urbana. Una estafa subvencionada. Un dolor.

Como habrán supuesto ya, todo el encanto del Paseo de los Tristes reside, como no podía ser de otra manera, en haber estado sumido en grises pensamientos mientras, alguna vez, se ha caminado por él. Nada, en realidad. Pero la calle se transforma y toma sentido desde aquí. Consentimientos  que se quedan flotando sobre un paso de cebra, penas que se atropellan sin conciencia y que se incrustan en la carne sin que importe llevar abrigo de lona o airbag hasta en el culo. Tiendas que venden tristeza, y cierran ahogadas por el llanto de las facturas. Aceras limpias, perros con lombrices; no se oyen nuestros pasos, como si camináramos sobre los jergones de los muertos. No es extraño que la sede de la policía se encuentre allí: los garantes del absurdo no consentirán ningún suicidio en la vía pública. No se deja a los borrachos a la vista. No hay plantas, pues de haberlas serían de adormidera. No hay nada, y por eso lo hay todo en esta calle. Una calle como cualquiera, hecha para que los tristes paseen… como su propio nombre indica.
Última actualización el Miércoles, 21 de Marzo de 2007 00:15