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 Casa Desolada.

Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

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 En busca del tiempo perdido. A la sombra de las muchachas en flor.

Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

AREOMusica

 The Show.

Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

Fantasía erótica PDF Imprimir E-mail
Escrito por Sinuosa   
Viernes, 18 de Enero de 2008 11:39

 

Sus labios recorrían ansiosos cada parte de mi cuerpo que iba desnudando. Cada botón de mi blusa de seda que era desabrochado quedaba abrigado por un cálido y húmedo beso. Despojada de esta última prenda, quedamos los dos desnudos. Recostada en la cama apoyando los brazos tras la espalda ofrecía mis pechos excitados frente a su erección, que se me antojó que podía tener la utilidad de perchero para mi blusa arrojada al suelo. Dicho y hecho, colgué la prenda para salvaguardarla de las pelusas.

Mi quimérico amante – te llamaré Viernes-  luchó como un toro torpe que hubiese enganchado un capote y diera derrotes al aire intentando zafarse del trapo hasta que recobró la compostura. Volviendo a la faena, Viernes parecía no concentrase debido a mis hipidos de risa mal disimulados.

Intenté concentrarme para poder concluir con éxito lo que habíamos venido a hacer, pero fue mirar al techo y venirme a la cabeza aquello de que no le vendría mal una mano de pintura, y fue pensarlo y tener a Viernes encaramado en una escalera de madera con manchas multicolor, desnudo y con un pañuelo anudado en las cuatro esquinas por tocado, blanqueándome el techo mientras yo me encendía un cigarrillo.

Observaba con deleite la pericia de Viernes tras el hilo ascendente de humo, su cuerpo en tensión intentando alcanzar la mayor extensión de techo sin mover la escalera, las gotitas de pintura que escurrían por su abdomen de tabla de lavar hasta detenerse en su pubis, que quedaba decorado como esas esferas de cristal que encierran escenas nevadas. Reparé en su rostro, desdibujado pero con expresión de contrariedad. Sentí curiosidad y decidí hacer una concesión a mi fantasía:

- Puedes hablar. ¿Qué te ocurre?
- Esto es humillante, en toda mi larga carrera de ensueño nunca me había pasado algo parecido.

El inesperado arrebato de Viernes provocó mi ternura. No estaba previsto.

 

Última actualización el Viernes, 18 de Enero de 2008 15:02