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Nueva edición del clásico de Dickens con una presentación elegante y cuidada a cargo de Valdemar. La edición incluye multitud de notas del traductor para quien se interese por conocer los referentes sociales y de constumbres del contexto histórico en el que transcurre la novela.

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Segunda entrega de la adaptación gráfica de la novela de Marcel Proust, con un dibujo estilo Hergé que recrea cuidadosamente el entorno precido y evocador en el que transcurre la novela.

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Lenka es una cantautora pop australiana que ha participado con sus canciones en bandas sonoras de series de máxima audiencia en EEUU como Anatomía de Grey o Betty, y que ha reunido en este album debut.

El Amor Verdadero PDF Imprimir E-mail
Escrito por Gonzalo Gala   
Miércoles, 14 de Mayo de 2008 19:46

Es común que después del más apasionado encuentro amoroso, los hombres se den media vuelta y las mujeres suelan, entonces, revolverse inquietas, sumisas en melancólicos interrogantes: ¿Me quiere?, ¿ya no le intereso?, No llevamos tanto tiempo juntos, ¿es posible que se haya cansado de mí?. O en un áspero rencor: Es un grosero, ¡qué se habrá creído!. Pero, cuál es la razón de esta conducta masculina? El filósofo italiano Francesco Alberoni, ha salido en defensa de los malentendidos que implica la caricia amorosa, no sin antes advertir que se trata de un problema complejo. El erotismo se presencia bajo el signo de la diferencia, asegura el filósofo.

Según un mito griego, mientras Jpiter y su esposa Juno estaban haciendo el amor, el dios del Olimpo exclamó: seguramente vuestro placer es mayor que el que experimenta el sexo masculino. Como se ve, la cuestión lleva preocupando a la humanidad desde los albores de los tiempos. Juno, quizás para llevarle la contraria a su esposo, negó tal opinión, y ante la disparidad de criterios, acodaron zanjar esta diferencia interrogando a Tiresias, un famoso adivino. Éste, golpeó a dos serpientes que estaban copulando y se convirtió en mujer, durante siete otoños [siete años], y al octavo, volvió a golpear a otras serpientes, recobrando su antigua forma. Y hablando como árbitro, confirmó la opinión de Júpiter.

Este mito - explica la médico y psicoanalista Alicia Waine Tambascio - permitió al psicoanalista Jacques Lacan [París, 1901-1981] establecer la diferencia radical que existe entre el gozo femenino y el masculino. La desigualdad resulta de la disparidad de los orgasmos. Mientras que el masculino es descriptible, incluso desde un punto de vista fisiológico, el femenino no manifiesta igual condición. La psicoanalista lo explica, desde un hecho demostrado: mientras que el gozo del hombre se localiza en su órgano sexual, el pene, el orgasmo femenino es ilimitado, en el sentido de que las mujeres sienten placer en todo su cuerpo, hasta el punto de que halla algunas que aseguren tener orgasmos vaginales, otras clitorianos, y las menos sientan el placer en el punto G.

Entonces, ¿por qué se agota tan pronto la pasión amorosa?.

Un primer apunte sería lo que entendemos por amor. Por lo que dice el diccionario, significaría el sentimiento afectuoso por alguien o alguna cosa. Sin embargo, la idea de amor es tan general y diversa que habrá que diferenciar el amor fraternal de dos hermanos, del amor que siente el padre por sus hijos, el amor hacia un amigo muy querido; el amor a Dios, propio del creyente, el amor que se siente por un objeto preferido y el amor hacia su pareja sentimental.

En un tema tan controvertido como la rapidez para agotarse el impulso amoroso he decidido apoyarme en las ideas de algunos especialistas en la materia. El cine nos ha demostrado cómo el enamoramiento puede llegar a durar nueve semanas y media, e incluso las relaciones fugaces de los actores, entre 1, 2 o 3 años. Aunque parezca increble tiene una explicación biológica, porque este tiempo es lo que dura el amor, debido a la molécula FCN (factor de crecimiento nervioso). Ha sido descubierta recientemente en unos laboratorios de la Universidad de Pava (Italia), siendo una de las causas del amor y futuro desamor. La persona recien enamorada tiene unos altos niveles de FCN en sangre, pero pasado el tiempo se va reduciendo su cantidad drásticamente. Al cabo de un año, la cantidad de esta molcéula es inferior al momento del enamoramiento.

Según la primera autora que vamos a citar, la psiquiatra italiana Donatella Marazzitti, de la Universidad de Pisa, (La naturaleza del amor, Ed. Mondadori) este sentimiento es un proceso químico que puede convertir la mente más razonable en una caldera propia de un psicótico obsesivo-compulsivo. No hay enamorado que se libre de la química. El hipotálamo es esa parte de nuestro cerebro que produce ciertas sustancias como la feniletilamina, que regula la secreción de dopamina. Esta nos lleva a un estado de euforia parecida a los que consumen anfetaminas. Así, desde un punto de vista biológico, el amor es una droga que narcotiza nuestro cerebro durante un tiempo no superior a tres años.

El escritor Fréderic Beigbeder, en su novela El amor dura tres años (Ed. Anagrama), lo plantea de la siguiente manera: primero se produce la volatilidad del amor, luego el paso a la ternura y enseguida, el tedio. El autor lo compara con una sutil metáfora. El enamoramiento resulta ser como el proceso de una película, que pasa del estreno en la gran pantalla al video doméstico, y por último, a la televisión, cuando aparece troceada por numerosos espacios publicitarios. Esta misma secuenciación con respecto al amor ha sido contada por otros expertos, como por ejemplo la doctora norteamericana Cindy Hazan. Gracias a su trabajo fruto del resultado de una serie de entrevistas a 5000 personas, pertenecientes a más de 30 culturas distintas, llegó a la conclusión que la pasión no supera los 36 meses.

En esta misma línea, la popular presentadora de televisión Teresa Viejo observa el romance como un resplandor luminioso, pero corto. En su reciente libro Pareja. ¿Fecha de Caducidad? (Ed. Martínez Roca), asegura que el grado de felicidad que nos aporta estar en pareja va disminuyendo según pasa el tiempo. Una vez superado el romance, se alcanza un sopor acomodaticio donde se reducen las compatibilidades. Pero no es culpa nuestra, sino de los caprichos de la biología y la química, que, según palabras del filósofo Jos Antonio Marina, nos hacen insaciables consumidores de emociones. Raramente nos emparejamos una vez en la vida. Divorciarse y volverse a casar es un acto habitual. De esta manera, se impone la diversidad de contactos. El Amor es un conjunto de Amores. Consumimos personas como si fueran coches o zapatos. No tenemos tiempo para apurar entero el Libro gordo del amor, sólo su introducción. Esto no es un fenómeno actual, sino un problema ancestral; aunque con una posibilidad bien optimista. Señala el biólogo británico Richard Dawkins, en su obra ya clásica El gen egoísta: De la misma manera que los gánsteres de Chicago, nuestros genes han sobrevivido gracias a su egoísmo.

Según piensan los biólogos, el ser humano actúa como una máquina programada con el fin de preservar las moléculas conocidas con el nombre de genes. Un gen es una pequeña unidad de ADN que permanece muchas generaciones. Pasa de un individuo a otro, manipulando los cuerpos a su antojo, perviviendo gracias a dos estrategias fundamentales: el amor y el desamor. Para ello, el gen necesita que el macho copule con cuantas más hembras posibles, mientras que su compañera se encarga de la crianza de la descendencia. Para evitar esta poligamia, la hembra ha desarrollado lo que Dawkins señala como la felicidad conyugal. Una forma sencilla de entenderlo sería la siguiente: ellas examinan a los machos y tratan de descubrir signos de fidelidad de antemano. Una manera que tiene la hembra de probarlos es no ceder a sus requerimientos durante un periodo de tiempo. Ellas tienden a ser más exigentes en su selección porque producen un limitado número de óvulos; es decir, sacan poco provecho de numerosas copulaciones con distintos miembros del sexo opuesto. Por el contrario, el macho se beneficia de todos y cada uno de los apareamientos que pueda conseguir, debido a su capacidad para producir millones de espermatozoides al día. Esta explicación biológica nos serviría para entender porque los prototípicos donjuán, el Tenorio o Casanova, son hombres y no mujeres. Según esta idea, las mujeres son reflexivas y los hombres, sementales.

Pero, como podría imaginarse, se dan excepciones. Cuando le preguntaron al conocido actor Paul Newman por qué se había mantenido fiel toda su vida a su mujer, contestó: Porque iba por ahí consumiendo hamburguesas cuando me esperaba un excelente bistec en casa. Podría resultar una respuesta estúpida, pero no lo es para nada. La respuesta es sencilla: somos biología, sí, pero también cultura. Es cierto, que desde el punto de vista biológico, nuestro impulso por regalar flores o pronunciar frases románticas dura tres años, pero nuestro cerebro ha permitido superar la barrera de la biología. En el siglo XVI, un príncipe oriental de nombre poco conocido para los profanos - Shah Yahan - inhumó a su esposa favorita bajo un conocidísimo monumento, el Taj Mahal. Es cierto, el amor no es sólo tragedia biológica, pero como dicen, querer es poder.

 

Última actualización el Domingo, 14 de Diciembre de 2008 22:11