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Elecciones USA, la gran esperanza blanca. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Didius   
Martes, 13 de Febrero de 2007 18:03

Decíamos, antes de las digresiones, que en breve nos jugamos el futuro gobierno mundial. Aunque a los españoles no se nos deja elegir como en todo asunto verdaderamente importante (lo cual aún no está claro si es un fallo o un acierto) esta elección viene determinada por un sistema electoral que nos ha ofrecido a lo largo de los años algunos de los mejores momentos de humor involuntario que la política puede ofrecer.

El sistema electoral americano, por si usted amable lector acaba de aterrizar proveniente de Marte o –lo que es más probable- acaba de salir de las aulas bendecidas por la LOGSE, está determinado por dos elecciones de cobertura nacional. Congreso/Senado y presidenciales, dominadas por un modelo bipartidista (republicanos/demócratas) en el que de tanto en tanto se admiten independientes bienvenidos a gastarse su fortuna personal. Esta distinción no tiene en absoluto que ver con la tradicional división derecha/izquierda o conservador/liberal que domina el panorama europeo, sino con el verdadero modelo británico muy-conservador/aún-más-conservador. Lo que, a falta de ofrecer entretenimiento del bueno, sí ahorra sobresaltos a los votantes.

Las dos elecciones, marcando una vez más la diferencia con países civilizados, no tienen lugar al mismo tiempo, sino con un lapso de dos años, lo que demuestra que los padres de la patria americana tenían un sentido del humor sólo comparable a su sadismo. De esta peculiar manera el gobierno del país se puede quedar sin influencia alguna sobre el poder legislativo durante al menos la mitad de, paradojas del lenguaje, su legislatura. Si a eso le sumamos el límite máximo de tiempo de mandato, establecido en 8 años y la voluble voluntad popular (unos días sedienta de sangre otros yendo a San Francisco con flores en el pelo), obtenemos situaciones tan particulares como la que tenemos en este momento. Bush Jr. al frente del gobierno y ninguna influencia durante estos dos años en el verdadero corazón del poder yanqui, es decir, la ratificación de presupuestos.

Otro efecto secundario de esta situación, en absoluto atípica sino más bien normal cada 8 años, es que terminada la segunda legislatura el partido de la oposición está tan crecido que le salen los candidatos (presidenciables, haciendo liberal uso del spanglish) hasta debajo de las piedras mientras los no-tan-posibles candidatos republicanos corren a ocupar los sitios vacantes bajo tan pétrea cobertura, esperando a que amaine el chaparrón. Porque, más diferencias, los candidatos a las presidenciales americanas derrotados llevan la palabra “loser” grabada a fuego en la frente siendo filtrados convenientemente por el aparato electoral de sus correspondientes partidos en sucesivas ocasiones. Así que tenemos a los candidatos republicanos haciendo ímprobos esfuerzos por desmarcarse de la administración Bush no les vaya a caer el sambenito de presentarse precisamente ahora y a los demócratas luchando por el puesto como sólo un político sabe hacer. Esto es, de la manera más sucia y rastrera que concebirse pueda. Lo que, asómbrense, no consiste en descubrir quien tenía cargo durante la guerra civil o quien fusiló más y mejor durante la misma, sino hurgar en los pecadillos inconfesables de juventud de los candidatos.

Este proceso de preselección, realizado por los propios partidos, tiene carácter de eliminatoria, así que de los verdaderos pecados gordos no nos enteraremos hasta que llegue la gran final. En el ínterin nos consolaremos presentando a los candidatos a las primarias.

En realidad hay muchos candidatos a las primarias, pero siempre hay nombres que suenan con más fuerza y de ellos será de los que hablemos. Todo parece indicar que son los demócratas los elegidos para sustituir a un presidente desgastado por 8 años de gobierno (6.5 hasta ahora en realidad, y la popularidad cayendo en picado), 3 guerras oficiales (Afganistán, Irak y la que hace de comodín del público, contra el terrorismo), una crisis económica que no acaba de mejorar -ni empeorar- y su fama de tonto. Sin embargo nunca los europeos acabaremos de entender las corrientes telúricas del electorado yanqui, así que no todo el pescado está aún vendido.

Disclaimer: No, yo no soy de esos que tienen en baja estima al actual inquilino del despacho oval, al contrario. Un tío capaz de poner de acuerdo al mundo y a su familia sobre sus capacidades intelectuales y ganar una reelección reeditando la guerra de su listísimo, aunque no tan reelecto, papá tiene que tener, aunque sea como el Claudio de Graves, algo.

Así que a falta de que nuestro sagacísimo presidente (el listo, el de España se entiende) se decida a dar su apoyo incondicional a uno de ellos y así podríamos tachar algún nombre, a continuación les presento a los presidenciables para el gobierno del Imperio. Los presento por partido y orden alfabético, para que nadie adivine mis preferencias. Guiñar

Los Republicanos o el ser o no ser.


Los candidatos republicanos, pese a ser conscientes de los problemas de suceder a Bush Jr., se debaten duramente entre ser más puristas que él mismo, cogiendo los votos que aún pueda atraer y los que ellos mismos puedan guadañar; o no perder la oportunidad de desautorizarle en público, con la esperanza de pillar votantes republicanos despistados o demócratas no muy convencidos. Ante este panorama desolador ningún candidato “joven” aparece en las previsiones, agazapados esperando que vengan años mejores.

Rudolph William Louis Giuliani III

Más conocido como Rudy Giuliani, o más conocido aún como el alcalde de Nueva York que hizo frente a los atentados del 11-S. Es un candidato republicano atípico, ha tenido dos matrimonios y su primera esposa aún sigue viva. Además ahora está divorciado de la segunda tras descubrirse en plena campaña electoral, cómo no, que tenía una amante. Para entrar en los estándares de este partido tiene como excusa que anuló su primer matrimonio tras descubrir, 14 años más tarde, que su esposa era prima segunda. Después de esto con la popularidad adquirida en NY, y su actuación antes, durante y después del atentado, se puede permitir ciertas inmoralidades como su sonado divorcio, o la foto no oficial de su campaña, antes de que le echen abajo. Sobre todo teniendo en cuenta que está por suceder un presidente impopular de su propio partido, y por lo tanto no tiene muchas posibilidades de ganar.

Giuliani es además políticamente atípico en el elenco republicano. Está a favor de las uniones civiles (cómo no con su historial), a favor del control de armas y la investigación embrionaria. Su condición de católico le supone un serio handicap en el bible belt que tan bien controlaba Bush, pero precisamente el ser un republicano atípico, unido a su enorme popularidad tanto entre votantes demócratas como republicanos, le puede dar opciones para evitar lo que parece imparable, un gobierno demócrata.



Sí, soy Rudolph, un republicano atípico, y me puedo permitir según qué cosas.

John McCain

El senador por Phoenix, todo un peso pesado del partido republicano, es además veterano de la guerra del Vietnam con diversas condecoraciones para lucir. Por desgracia también es conocido por un escándalo por fraude bautizado como Keating Five en 1987. Sin embargo si consiguió sobrevivir políticamente a esto en la América post-Reagan todo lo que puedan decir al respecto no llegará a la página 4 de cualquier tabloide yanqui.

McCain es también otro divorciado, aunque cuida devotamente de su segunda esposa convaleciente de un ictus, lo que unido a su condición de anabaptista le puede garantizar el voto de la América más conservadora. Por otro lado este es uno de los candidatos que siguen la línea Bush, con precaución claro está, intentando mantener contento a su electorado natural. Aunque se permite también ciertos coqueteos con los demócratas merced a su convencimiento y defensa de medidas contra el calentamiento global así como sus feroces críticas a Donald Rumsfeld.

Siendo bondadosos con él lo único que se puede decir es que es todo un dinosaurio que tiene nulas posibilidades para llegar a la carrera final. Es muy viejo, 70 años, y en una América que venera cada vez más la juventud eso es el beso de Judas. Sobre todo porque de ganar las elecciones sería el presidente más viejo en llegar jamás a la Casa Blanca. Un candidato muy bueno, no obstante, si al final los Republicanos deciden tirar la toalla en la carrera presidencial.



Mitt Romney


El senador por Massachussets es el más jóven de los 3 presidenciables republicanos que tratamos aquí (60 años no se crean). A falta de carrera militar, o brillante carrera jurídica, se dedicó a la consultoría. Sin embargo puede presumir de haber sido un tenaz misionero, en la muy pagana Francia, siendo de hecho un miembro destacado de una de las muchas escisiones protestantes que tan populares son en tierras del tío Sam. Sólo ha estado casado una vez, y es un devoto esposo dedicado al cuidado de su esposa enferma de esclerosis múltiple.

Es un candidato de perfil bajo que, a falta de que se le descubra una homosexualidad latente, no ha provocado grandes controversias políticas. Además no ha iniciado una campaña clara, ni de descrédito, ni de apoyo a Bush. Por lo que aún debe estar valorando sus posibilidades para 2012.



Los demócratas o el poder del pueblo… pero sin el pueblo


Los demócratas han olido sangre, igual que lo hicieron cuando Bush Sr. no sabía si ir a tomar Bagdad o quedarse en Kuwait. Candidatos salen a centenares conscientes de que este es el momento. Momento en el que además trabajarse un discurso no es cosa difícil ya que basta con acusar a Bush Jr. de ser la encarnación de todos los males que asolan América. Iba a decir el mundo, pero las referencias a política realmente exterior en una típica campaña americana suelen salir cuando el candidato está completamente perdido. Es decir, cuando le han pillado en los baños del Waldorf Astoria haciendo una felación a su guardaespaldas.

Hillary Rodham Clinton

Más conocida como Hillary Clinton antes de que recuperase su apellido de soltera para acentuar su feminidad e independencia. Esta debería ser la candidata estrella del partido demócrata. Ya ha sido inquilina de la Casa Blanca en calidad de consorte, y muchos sospechan, yo entre ellos, que era ella en realidad el verdadero poder que dominó la era Clinton. El hecho de que no se divorciara de su marido tras todos los escándalos del mismo prueba su ambición irreducible por convertirse en la primera mujer presidente de los Estados Unidos. Tiene a su favor un discurso lúcido, que aunque peca de todos los defectos de la progresía al uso lo hace a la manera americana. Es decir, con cierto sentido de la realidad. Tiene además como ventaja el exotismo de ser mujer y los réditos electorales que ello le pueda reportar al partido demócrata. Exotismo que unido a su paciente conducta matrimonial, a falta de una carrera militar, pueden valer su precio en oro en una América que cada vez puede presentar menos héroes sufridos a los puestos de dirección.



John Edwards

Todas las elecciones americanas tienen su candidato tipo Kennedy. Pues bien, este es. Este senador por Carolina del Norte es un antiguo abogado especializado en el cuidado de los desfavorecidos. Es decir representaba a familias pobres, a punto de dejar de serlo, en demandas por malas praxis médica. Es un metodista que no hace gran gala de ello si no es absolutamente necesario (ya saben es demócrata) pero que tiene una vida familiar intachable. Casado aún con su primera, y única, mujer a la que conoció en la universidad.

Ya se presentó en 2004 a las primarias demócratas, pero no salió elegido candidato presidencial. Lo que en este caso no es un demérito, ya que las reelecciones presidenciales a la contra, a no ser que medien Water Gates o guerras mal llevadas, suelen darse por perdidas.

Su discurso no es que se diferencie mucho respecto al de otros candidatos demócratas, ya saben calentamiento global, etc. Aunque éste tiene la novedad de presentar un plan para implementar un sistema público sanitario universal en USA. Sin duda para agradecer a los practicantes de la medicina el haberle financiado su carrera hasta la Casa Blanca.




Barak Omaba

¿Dije antes que John Edwards es el candidato tipo Kennedy? Omaba podría serlo con toda justicia si no fuera por el pequeño detalle de que es negro. Bueno, mulato, pero eso en la aún muy conservadora América es como serlo del todo. Es joven, de discurso brillante, antiguo abogado e insultantemente inteligente en un congreso y senado en los  que esto último no abunda sobremanera en la actualidad. Sin embargo es toda una incógnita. Es aún joven para poder aspirar a otras dos elecciones sin problemas pero ha decidido jugar la carta del color de piel, aprovechando que Hillary está jugando la del feminismo. Su discurso no difiere tampoco gran cosa de los dos anteriores aunque con mayor incidencia, por motivos obvios, en los problemas de las minorías étnicas. Sin embargo su condición de ex musulmán, ya se hacen juegos de palabras Omaba/Osama, de ex cocainómano y, por encima de todo, de negro pueden ser un escollo demasiado grande para superarse. Resulta evidente que estas filtraciones vienen de las propias filas demócratas, ya que los republicanos habrían reservado la artillería pesada para más adelante, así que puede ser un candidato que al final dé juego. Sin embargo estas acusaciones pueden pesar sobre su carrera presidencial más aún que si la industria del entretenimiento para adultos californiana le diese su apoyo inquebrantable.

Probablemente no pase las primarias, y sin embargo ya ha llegado a hacerse popular en el resto del mundo debido a su “peculiaridad”. Puede ser, no obstante, que los demócratas se vean tan seguros de la victoria que al final le saquen a pesar de todas las zancadillas propias y ajenas, y que los votantes republicanos más republicanos caigan enfermos a la vez el mismo día.


El debate continúa aquí: Un negroamericano candidato presidencial

Última actualización el Lunes, 19 de Febrero de 2007 11:59